
En las oposiciones al cuerpo de profesores hay una “ley” apalabrada de no entrar a la prueba de la llamada programación del compañero, aún siendo pública. ¿Por qué?
Bueno, todos saben que esta parte es muy importante, y que las innovaciones que utilice el opositor a la hora de defender su programación serán vitales para su éxito frente a los demás opositores. Por eso, en un cuerpo donde reina (a veces forzadamente) el compañerismo, se respeta bastante esta norma no reglada pero sí moral…
Pero hay opositores, con todo su derecho legal, que piden entrar a la prueba a ver como se organiza el “contrincante”, y así servirle su exposición a la hora de su propia defensa. Esto crea en el que se está examinando una inquietud inesperada, algo inprevisto se va a producir, y a veces no sienta bien.
¿Qué haría yo? Pues respetaría este acuerdo entre opositores. En el momento del examen no podría en este aprieto a ningún compañero, aún pidiéndole consentimiento para entrar en el mismo momento del examen, pues a veces por no enfadarse, hay quien da paso, pero a regañadientes…
Pero, como es muy buen recurso el ver a los demás desenvolverse, lo que sí haría es hacer un acuerdo previo entre compañeros y amigos.
Por ejemplo, tres compañeros van a la academia juntos. Pues se lo pueden hablar y acordar: durante esa prueba entraremos a vernos los tres. Esto no crea el factor sorpresa que no gusta a los que de repente se ven a alguien allí, y, por otro lado, es un favor recíproco, con lo cual, no se genera ese sentimiento del opositor de impotencia, al pensar que le están plagiando sin él recibir recompensa.
Imagen: squidoo